miércoles, 13 de diciembre de 2017

Asuntos internos

Siempre me hizo gracia esa frase tan frecuente en las pelis de policías: "Hola, somos de asuntos internos". Y las caras de los polis a los que esa frase dejaba helados. Eran esa gente a la que nadie le hacía gracia ver: policías que se encargaban de resolver asuntos entre policías sin que nadie ni de fuera ni de dentro del cuerpo se enterara de los oscuros medios utilizados para tal fin.
Como la ropa interior. Se encarga de menesteres ingratos de los que nadie se da por enterado y, por mona que sea, pasa desapercibida. 

Tengo una hija de once años que ya lleva tallas de adulta y está casi tan alta como yo. Lo cual es un inconveniente para el asunto bragas, porque está en tierra de nadie. En su talla no vienen diseños bonitos como para gente de su edad y el corte de las bragas de señora suele ser demasiado escotado para su gusto, además de tener acabados demasiado sofisticados, poco aptos para el trote diario. Así que, ante la falta de oferta adecuada, me puse manos a la obra para buscar patrones que cumplan sus requerimientos, a saber: que cubran bien la nalga, no sean escotados de cadera y no sean demasiado altos de cintura. 

Encontré dos joyitas: las Arccos undies de Sophie Hines y las Nixie briefs de Jennifer Lauren -que, como agua de mayo, salieron a la venta justo la semana pasada-. Ambas cumplen con los requerimientos de la autora del encargo, pero las Nixie no cumplían con mis exigencias como costurera de lencería. Las bragas -por si en el público hay quien desconoce este detalle- llevan un protector interior para evitar manchas de humedad en la ropa. Es práctico y es necesario. Personalmente no me gusta nada que estén mal rematados, con un borde bien cosido pero el otro simplemente remallado y sólo cosido por los lados, o directamente aplicado y sobrecosido sin ningún cuidado, como ya he encontrado en prendas del comercio. Ya sabemos que los géneros de punto no se deshilachan, pero no hay que abusar de la ingenuidad de las compradoras, creo yo. 
Así que voy con una pequeña comparativa:

Nixie briefs (Jennifer Lauren)

A favor:
  • El aspecto deportivo y ligeramente retro de la prenda, pudiendo solapar el delantero o el trasero según apetezca, lo cual evita las molestas costuras laterales.
  • Que el patrón indica las longitudes de elástico para las piernas o la cintura, lo cual es una ayuda importante de cara a planificar las compras de suministros de lencería. 
  • Las instrucciones son claras y perfectamente explicadas, y sugieren detalles de acabado que me gustaron mucho, como la de añadir una costura de refuerzo al finalizar la costura de unión de los laterales.
En contra:
  • Que plantea remallar el borde frontal del protector y dejarlo libre en el frente, sólo atrapado por el bies elástico de los lados. Cosa que según mi experiencia dificulta la limpieza de la prenda y acorta su vida útil, porque al estar suelto tiende a desbararse con facilidad. Imagino que por no desanimar a quienes se inician en el arte de coser bragas, no plantea la costura "canónica" del protector para que quede totalmente oculto, pero en mi opinión es un error. Única pega de un patrón que, por lo demás, está muy bien planteado.

El segundo par, con el pequeño vuelto cosido a zigzag

El quinto par, ya con el patrón modificado (insertar suspiro de satisfacción).




Mis modificaciones:
  • En la primera realización del patrón, lo cosí con una puntada zigzag al frente de la braguita porque me negaba a dejarlo suelto. En las dos siguientes, doblé el margen superior 5mm y lo cosí como había hecho la primera vez. Pero a partir de la cuarta versión modifiqué el patrón: corté la parte correspondiente al protector dos veces, una en forro y otra en tejido exterior, y quité del frente de la braguita la parte correspondiente al protector dejando un margen de costura de 5mm para solaparlo con esa pieza. 
  • Tuve que modificar la longitud de elástico de las piernas, ya que con un bies elástico de textura firme como el blanco a mi clienta le quedaba demasiado ajustado, así que añadí un centímetro más del indicado. Con el negro, más flojito, bastaba con la cantidad planteada.

Arccos undies (Sophie Hines)




Un bies de Minnie siempre le da otra alegría


 A favor:
  • Me encanta que no tenga costuras laterales que se puedan clavar en la cadera. El diseño de talle bajo cubre bien el trasero.
  • Las clarísimas instrucciones sobre cómo montar la braguita de una sola vez, dejando ocultas ambas costuras del protector y los trucos sobre cómo montar mejor el bies. Vale la pena comprarlo sólo por esos dos momentos de epifanía mental, especialmente si no se tiene experiencia anterior en costura de lencería.
  • Este patrón también indica las cantidades de elástico necesarias para piernas o cintura. 
En contra:
  •  El ajuste es quizás un poco demasiado ajustado para el gusto de mi clienta, a pesar de que corté la talla que llevaba en función de sus medidas y usé un tejido con la elasticidad suficiente (algodón/elastano). Tendré que probar con la siguiente talla a ver qué tal le sienta. De momento le gustan más las Nixie, por eso sólo hay una de este modelo.

Utilicé bies elástico, pero con ambos patrones puede utilizarse elástico de lencería, con puntilla, o tira de encaje elástico. El procedimiento varía un pelín, pero está indicado en ambos patrones. En todos los modelos utilicé retales de tela de camiseta de algodón con elastano; la costura de lencería es una manera excelente de dar salida a esos retales ni grandes ni pequeños que se van juntando. Y aún no he terminado de renovar el cajón de interiores de mi chica, pero de aquí a Navidad la dejo surtida con lunares de todo tipo.




Y ahora, como postre, el relato de una pifia que me da mucha lástima porque éstas quedaron verdaderamente bonitas. Eran para mi hija pequeña, 8 años, que es flaquita y tiene los mismos gustos que su hermana: le gustan cubrientes y que no se muevan. Reutilicé un pijama de verano de Hello Kitty de talla 6 años que usó hasta el verano pasado para sacar dos braguitas estupendas, pero no tuve en cuenta que las bragas que le cosí en verano (el modelo verde claro que se ve a la izquierda en las fotos) ya le quedaban justas. Son las Little fishies undies de Fishsticks Designs (compré el patrón hace años y según parece su tienda ya no está activa, pero se puede comprar todavía a través de Kollabora). Le hice la misma modificación que al Nixie, así que el protector está totalmente oculto.
Las pensaba sortear aquí mismo, pero he desistido en vista de que no hay interés. Si alguien las quiere (solo envíos a territorio español) las guardaré hasta Reyes. Luego me desharé de ellas, con todo el dolor de mi corazón.


La vista trasera es de lo más simpático

Vista frontal

Y esto fue lo que quedó del pijama, casi nada



jueves, 30 de noviembre de 2017

El espíritu del hogar


Hay costuras que no aparentan. Que no son lo suficientemente glamourosas como para lucirlas en redes sociales o presumir de ellas con los compañeros del trabajo. Pero como dicen en mi tierra: "resuelven". Solucionan pequeñas necesidades cotidianas y ocultas por la rutina, nos hacen la vida más fácil. Hoy es el día de reconocer a esos héroes anónimos que cosemos por necesidad, pero usamos casi más que los proyectos chulos que tanto nos gusta lucir en Instagram. Una de las cosas que más me gustan de estos proyectitos es que me dan la posibilidad de reutilizar tejidos, de reconvertir materiales usados en algo aún aprovechable. Y aunque no plantean grandes dificultades técnicas (difícilmente hay algo más complicado que una costura recta) se hacen rápido y bien.

Como el papel de cocina lavable que hice allá por el 2.012 y que aún vive, ya descolorido por los lavados frecuentes a 60º. Reutilicé unos pañales cuadrados de rizo de algodón orgánico que usé con las niñas y una franela a la que no había dado un destino claro. Corté cuadrados del tamaño de un trozo ordinario de papel de cocina, los uní con la remalladora y puse broches de resina en las esquinas para poder engancharlos entre sí y almacenarlos en forma de rollo. Quien necesite un tutorial puede mirar éste.





El rollito se puede poner en el mismo soporte que el papel de cocina desechable


O las toallitas de tela, con una cara de franela estampada y otra de rizo de algodón orgánico (procedente de aquellos antiguos pañales cuadrados) que se usan en casa desde que mis hijas eran bebés. Siempre preferí alternativas lavables a lo desechable y tengo que reconocer que el trote que se llevan es impresionante. Estas las hice este año después de que murieran definitivamente las que había comprado cuando nació mi hija mayor. Las de la segunda foto están hechas con dos toallitas ImseVimse cosidas juntas, porque usadas individualmente eran demasiado finas. Combinadas funcionan mucho mejor y al ser del mismo tamaño ambas caras, con una pasada por la remalladora quedan de cine.


Las toallitas ImseVimse



O la funda de sofá que hice reutilizando las franela de algodón de una vieja funda de edredón nórdico. La abrí en dos, le cosí un vuelto sencillo todo alrededor y ahora es la protectora de mi (enorme y desvencijado) sofá, que con perrita y dos niñas en la familia ha conocido tiempos mejores. La guinda del pastel: que además está en la misma gama cromática y no desentona.





Y uno de mis proyectos de este año de los que estoy más orgullosa: las camitas (2, eran 2) que le hice a mi perrita reciclando los correspondientes jerséis viejos de mi marido. Esas adquisiciones de outlet que son puro poliéster y que por 6€ la pieza no resisten más de un invierno, con un poco de miraguano (relleno para cojines de fibra hueca de poliéster) y un ratito de costura manual con hilo de lana se convierten en una pequeña maravilla de la que mi pequeña canina no se despega cuando hace frío. Usé este tutorial para inspirarme. Lo buenísimo de este proyecto es que la camita entera va a la lavadora y no tarda nada en secarse. 

Sin relleno

Con relleno
Y es que los proyectos domésticos no lucirán, pero el uso que se les da compensa ese barniz grisáceo que tienen aquellas cosas que se cosen por necesidad y en las que es difícil reparar en los trajines del día a día. 

miércoles, 28 de junio de 2017

Los vestidos que (se) fueron: una comparativa (in)voluntaria.

Mi costura egoísta reciente ha pasado por descabezar (literalmente) algunos de mis proyectos pretéritos para adaptarlos a mi gusto actual. 
Como el Staple Dress de April Rhodes que ya no quiero usar como vestido, pero que sin la parte de la falda y sin fruncido en la cintura se convierte en una parte de arriba de las que puedo soportar ponerme. Es holgada, el escote tiene una ligera forma de barco y es perfectamente combinable con todos mis pantalones y mis adorados chalecos.
El Staple dress lo tenía cortado en un precioso vichy de algodón marrón y blanco desde la primavera de 2.015, pero sólo le había cosido los bolsillos. Así que se los descosí, corté a la altura de la cadera y lo armé en formato top. Las instrucciones recomiendan unas preciosas costuras francesas que dejan el interior inmaculado y que me encantó hacer; fue un verdadero placer coserlo. 




Iba a ser un vestido y se quedó en...


...una camisa suelta


No es totalmente recto como el Lou, hay una diferencia de 1cm entre cintura y cadera. 
Cosa que personalmente no me gusta pero que resuelvo usando chaleco por encima.




Voilá. Aquí con los pantalones Holly de ByHandLondon



Me encanta este cuello. Está rematado con una tira al bies del propio tejido.



Mi otro proyecto descabezado es mi vestido Red Velvet de Cake Patterns, del que hablé extensamente  aquí cuando lo cosí. Lo usé como vestido el otoño-invierno de 2.013-14. Luego purgué mi armario varias veces para intentar capear mi disforia creciente de la mejor manera, pero lo guardé para reutilizar la tela: un interlock de merino rojo maravilloso -grueso, suave y amoroso- que me daba una pena horrorosa regalar. Y ahí quedó hasta que descubrí el patrón del Lou Box Top, de SewDIY. Un top de corte cuadrado, suelto, con la posibilidad de hacerle el escote a la caja, mi favorito cuando se trata de prendas de corte "femenino". Así que descosí la falda y corté el delantero y el trasero sin usar la pieza de la parte inferior (que en este patrón viene por separado de la del cuerpo, para poder adaptar mejor la prenda a cualquiera de las seis versiones posibles), dejando el vuelto sin tocar para respetar el proceso artesano con el que terminé el -en su día- vestido: con una puntada de escapulario impecable de la que mis maestras del colegio estarían orgullosas.




Lou Box Top, bajo recto y sin bolsillo.


En este Lou tampoco puse bolsillo porque este tejido es demasiado grueso y no quedaba bien -aunque quiero que conste en acta que ese bolsillito cuadrado me encanta-; en mi primera versión tampoco se lo puse porque el estampado del tejido que usé no llevaba bien una superposición. Creo que el bajo recto cuadra muy bien con la mayoría de mis pantalones; en esta reencarnación recibirá más uso y amor que mi pobre "Bloody Mary dress" que sólo tuvo un invierno de cariño y nada más.



Aquí en proceso de confección.


Ese vuelto enteramente hecho a manita con puntada de escapulario...


El cuello queda fantástico. Con el merino de este grosor es un gustazo trabajar.


Red Lou, red sneakers.



Debo decir que los encuentro francamente parecidos estéticamente, la parte superior del Staple Dress y el Lou Box Top. Es más suelto el segundo porque es ligeramente más ancho y la manga cae un poco más abajo -cosa que agradezco ya que no me gusta lucir bíceps-. Debo decir que el Lou quedó un poco más arriba de lo que hubiera quedado usando las correspondientes piezas del bajo (el recto, en este caso, son las que hubiera utilizado). Pero quise reutilizar mi trabajo anterior, del que me siento particularmente orgullosa. Así que por eso es un pelo más corto de lo que debería.




Staple. Medidas: 54 alto x 48 ancho
Lou. Medidas: 49 alto x 59 ancho

Lo mejor: ninguno de los dos tiene pinzas, lo cual lo hace ideal para gente como yo, con poco pecho y deseando ocultarlo.

Lo peor: el escote y la manga del Staple, con los que enseño más de lo que me gusta.

¿Habrá próxima vez? Repetiré el Lou seguro. Y con bolsillo, que me he quedado con pena de no habérselo podido poner a ninguna de mis dos versiones.

La lección aprendida es que me gustan los vestidos rojos, pero en otras mujeres. A mí de momento no me apetece usarlos, prefiero oír esta bonita canción de Magic! ¡Hasta pronto!











jueves, 22 de junio de 2017

Lou vs. Lou

El título de mi entrada se inspira en la película Kramer vs. Kramer (Robert Benton, 1.979), en la que un matrimonio litigaba por la custodia del hijo en común y en el que -en un momento dado- se hacía una reflexión interesante sobre las cualidades necesarias para criar un hijo culturalmente asociadas al género. 




Mi expresión de género es diversa. Y fluctúa entre las polaridades clásicas. La mayoría del tiempo tengo aspecto masculino, pero a veces bascula hacia lo femenino. Me pasa como en la película, reflexiono acerca de ambos conceptos (masculino/femenino) y cómo los empleo a nivel social para obtener mayor confort. 
A veces aparecen proyectos que consiguen que me apetezca llevar alguna prenda más femenina de lo que suelo habitualmente y por femenino entiéndase algo que no sean camisas de cuadros o camisetas con lemas deportivos. En ellas llevo viviendo un par de años y a veces debo reconocer que aburren un poco. Llega a ser muy monótona la ropa de estilo masculino, sobre todo en verano si uno no es fan de camisas hawaianas o camisetas de tirantes para lucir bíceps.
Por casualidad me topé con el patrón Lou de Sew DIY y pensé que por la holgura que tiene podría ser buena idea probar. Además, ¿quién puede resistirse a un patrón honónimo? (poderoso argumento donde los haya). Así que sin ningún recato hice la prueba:




Me gusta el cuello subido (opción "crewneck") y que admite realización tanto en tejido elástico como en tela plana. El popelín de esqueletos mexicanos lo conseguí hace dos años en mi tienda habitual de tejidos y no tiene mucha caída, justo lo contrario de lo que se recomienda para este diseño. Pero a mí me gusta bastante el resultado del popelín de algodón, que se mantiene lejos del cuerpo. Perfecto para mi aversión a la ropa ajustada y a que se me marque el pecho, algo que me causa bastante disforia. Para este modelo corté la talla S-XS.




Este diseño viene con dos opciones de cuello ("Crew neck", el más subido, y "Scoop neck", el escote clásico redondeado que baja un poco más) y tres de bajo (el bajo recto -straight hem-, el trasero mucho más largo que el delantero -dip hem- y el bajo redondeado -curved hem-). Esta versión es la de bajo redondeado con aberturas laterales.  



Una cosa que me llamó la atención de las instrucciones es que recomienda rematar los bordes de la tela antes de armar la prenda, detalle tomado de la confección industrial que hace un poco más rápido el proceso.




El botón es de recuperación, de la miríada de botones de repuesto que han llegado a casa cosidos a una etiqueta, que recorto religiosamente para que no molesten y que me resisto a tirar porque sé que puedo darles uso. Esta opción de cuello en tela plana lleva botón porque en teoría no pasa por la cabeza cuando está abrochado, pero en mi caso sí que pasa sin desabrochar; será que no soy tan cabezona como yo creía ;-)




No pude casar perfectamente la espalda porque con un metro de tela que tenía me dio justito, pero al final quedó simpático. Me encanta la inspiración mexicana y llevar puesta una panda de esqueletos felices. 
Obviamente tampoco pude resistirme a probar la versión de punto, pero de esa ya hablaré próximamente. 


miércoles, 22 de junio de 2016

Cómo tunear una camiseta. Episodio uno.

Estamos en racha de confesiones estéticas, mi estimado público: hoy traigo a colación que tengo una larga y fructífera historia de amor con las camisetas. Las considero, tras la rueda y la copa menstrual, de lo mejorcito que ha inventado la humanidad. Desde la adolescencia las idolatro, porque me permitían esconder las formas femeninas cuando no quería mostrarlas. O sea, casi siempre. Solían ser camisetas oversize, de chico o un par de tallas más grandes que la mía habitual, lo cual explicaría mi actual querencia por las camisetas masculinas, que ya no disimulo.
Y por otro lado, lo reconozco. Soy una gamberra de tomo y lomo, no puedo seguir ocultándolo más. Me encanta toquetear cosas y cambiarlas, dejar mi huella, que se note que he pasado por ahí. No voy dejando las paredes llenas de pintadas por aquello de no dar mal ejemplo a mi progenie, pero casi.
En esta ocasión os presento una bonita camiseta tuneada. No es un proyecto de costura pero es de personalización que incluye tinte y bordado, ¿os vale? Pues nos ponemos manos a la obra.
Érase una vez una inocente camiseta, blanca y pura como la nieve recién caída, tal que así: 



Imagen propiedad de la marca Gamberro -serie limitada 2.015- (Facebook)

Decidí que una cosita tan inocente y algodonosa no podía quedarse así y recordé un pack para teñir con índigo que había comprado hacía un par de años y que guardaba celosamente para algo pequeño, pero molón. Bueno, tan pequeño no es, que es una talla S de hombre -menos ceñida que el modelo para chica-. Así que me puse manos a la obra e hice mi primer tinte con índigo. Debo decir que la peste de las reacciones es tremebunda, pero merece la pena ver cómo la química hace su trabajo. El último paso, sacar la camiseta del baño de tinte y colgarla para que oscurezca durante un rato, es mágico.



El baño tiene mala pinta y huele aún peor.
Cuando está dentro, la camiseta es amarillenta



Aquí al final de la media hora de oxidación



En el bajo se ve la pequeña parte que aún no ha reaccionado


Luego quise seguir haciéndole cosas, porque soy una insaciable de la peor especie. Siempre pensé que el logo se presta a hacerle un relleno, así que usé pintura textil de efecto 3D en la hoja y en la rosa, como si fuera un dibujo a colorear. Y usé glitter plata para rellenar los brillos de las letras. Todo lo que usé es de la marca de Lidl, CreaBox. Para terminar, quise bordarle un par de detalles: la empuñadura de la daga, en gris, la punta mojada en sangre, de mi absoluta cosecha, y le cosí tres pequeños botones en forma de flor, como poéticas gotitas de sangre (así es mi curioso concepto de la poesía, muy gore).



Los detallitos, de cerca



El tinte no quedó uniforme, pero me encanta así; 
las marcas de la espalda parecen arañazos 
(mi concepto torturado de la poesía de nuevo a la carga)



Y así quedó: nada que ver con la blancura del comienzo. En las últimas fotos se aprecia el color real del índigo.






En uso, como hay que disfrutar las cosas


lunes, 13 de junio de 2016

Saliendo del armario

Una larga temporada sin publicar ni coser tienen sus motivos. Necesidad de un descanso, de cerrar por un tiempo esta ventanita que la costurera funámbula abrió al mundo en un momento dado, para abrirse a sí misma en un paréntesis gigante. A veces la necesidad llega sin avisar, de golpe. Un buen día uno cobra conciencia de que hay cosas que es necesario contar a los seres queridos. Y que no hay mejor idea que abrazar lo que uno es.
No deja de tener gracia que, dada mi afición/obsesión por organizar armarios, haya vivido en uno -virtual, eso sí- durante más de veinte años. Así que ya es hora de romper la puerta, sacudirme las telarañas y salir, de una buena vez. Soy bisexual. Callarlo ha sido una de las peores cosas que he hecho en mi vida, no tanto porque he defraudado la confianza de quienes me quieren y merecían saber esto de mi, sino porque mi propio miedo me ha hecho un daño terrible al enredarme sola en una espiral de automutilación mental y emocional muy peligrosa. Tomen nota: la falta de autoaceptación es la mejor receta para la infelicidad.
El otro aspecto de mi que llevo demasiado tiempo disimulando es mi identidad de género. Vivo en un cuerpo de sexo femenino, pero nunca me he sentido mujer. Debo decir que tampoco me siento hombre, para quien tenga esa duda metafísica. Tengo una identidad de género no binaria: soy agénero. Me he obligado a mi misma a vestir de forma femenina durante demasiado tiempo para evitar preguntas, prejuicios y miradas reprobatorias. Pero en la vida de toda persona llega un punto en el que ya no se puede más, en el que el reflejo que devuelve el espejo es una distorsión de lo que uno siente que es, lo cual desde luego no es un hecho mentalmente sano ni moralmente aceptable. Salir a la calle cada día de pésimo humor para interpretar un papel que no cuadra no es el mejor plan para el resto de la vida, ¿no creen?
Si me tuviera que resumir en una frase, diría que soy una persona a la que le gustan las personas. Tan simple como eso. Tan complicado como eso. Uso todos los pronombres, preferentemente los femeninos (a pesar de los pesares, le tengo cariño a la identidad que me ha resguardado tanto tiempo), pero también los masculinos y los neutros, dependiendo de las circunstancias, mi humor, etcétera.
Y si cuento esto aquí es porque mi cambio físico ha sido notorio y se verá en las fotos; quien avisa no es traidor, dicen. Mi expresión de género (mi aspecto, dicho en plata) es mucho más andrógina que antes y obviamente, los proyectos de costura a los que les doy vueltas ahora son distintos. En la transición hacia mi verdadero yo, estoy en el lado queer de la costura, mi herramienta de autoconstrucción favorita. ¡Hasta pronto!







lunes, 23 de marzo de 2015

Leed, leed malditos

En mi casa somos lectores empedernidos. Los que sabemos leer, claro, aunque mi hija pequeña, que es la que faltaba, está aprendiendo. A todos nos gusta sumergirnos de lleno en una buena historia y  cuando se lee mucho tener aparatitos lectores de libros electrónicos es lo lógico. La batería dura una eternidad incluso en uso intensivo, caben muchísimos libros y cuando a uno le gusta leer libros gordotes es un invento, porque los brazos no se cansan si uno lee en posición horizontal. Y la pantalla de tinta electrónica no se come la vista como la de una tableta, cosa que mis defectos visuales agradecen mucho.

Señoras y señores, mi entrada de hoy va de fundas. Personalizadas, molonas y totalmente al gusto del cliente lector. Y hay nada menos que tres: adivinen cuál es la del caballero, cuál la de la señora y cuál la de la niña de 9 años.






Bueno, tampoco es tan difícil, ¿verdad?. Y lo han adivinado, nuestros readers son trillizos, el mismo modelo del mismo cacharrito, un Kindle Paperwhite. Para los adultos ya es nuestro segundo aparatejo, y aunque yo podía aprovechar la funda de mi anterior reader que era prácticamente del mismo tamaño, me apetecía hacer una de otro formato más práctico.




Descubrí en Whipstitch un fantástico tutorial que adopté con unas cuantas modificaciones: añadí medio centímetro a todo el contorno porque el bolsillo quedaba un pelín justo, y en los dos últimos redondeé las esquinas porque me parecía más estético. En el tutorial no lo sugiere, ya que sólo usa guata de acolchar, pero yo incorporé dos pequeñas láminas de plástico duro (como el que se usa en las encuadernaciones de oficina) para añadir un poco de protección extra, además de la guata y la entretela. También le hice una costura central a modo de libro para que las piezas de plástico no se solaparan. El resultado global es ligero, pero eficaz. Y por último, en lugar de los triángulos de tela que Deborah usa, usé trocitos de elástico de 8cm cada uno; creo que así es más fácil poner y quitar el aparatito, y si es de color negro casi ni se ven.

Para la versión 1, elegí un trocito de vaquero no demasiado grueso y un retal de elástico negro y decidí embellecerlo con un pequeño bordado en la portada. Busqué una tipografía de máquina de escribir y escribí "Lee" (en imperativo, como tiene que ser) en la esquina inferior derecha. Luego lo rellené con perlé marrón liso. Y ese fue mi regalo del día de padre a mi señor esposo, un lector de gustos sobrios.



La versión 2 es la de mi niña grande, que eligió esta tela el verano pasado. Con ella ya le hice parte de su estuche escolar a comienzos de curso, y después de la funda aún ha sobrado otro poco. Lo que da de sí medio metro, oiga. No hay elementos decorativos añadidos por expresa voluntad de la destinataria; qué seriota es esta niña.




La tercera versión es la mía. Me chiflan los lunares y quería hacerle unos detallitos en rojo, así que bordé otro "lee" imperativo, pero esta vez con mi letra. En la parte superior cubrí algunos lunares al azar con lo poco que me sobró del perlé rojo, como si fuera una constelación fantástica. El elástico exterior es rojo, pero los interiores son negros para que queden disimulados con el color del cacharrito.






Y aquí los tres, en amor y compañía. Los protectores de los aparatejos electrónicos más queridos de esta casa, los únicos que entran en los dormitorios. Por cierto, he aprovechado que tengo reader nuevo para tirarme en plancha sobre la última de Pérez-Reverte, Hombres buenos. Y vosotras, ¿qué estáis leyendo?




Por cierto, como algunos ya habrán supuesto, mi título remite a una película: Danzad, danzad, malditos (They shoot horses, don't they?, 1969) de Sydney Pollack. Ambientada en la América de la Gran Depresión, la acción transcurre en un concurso de baile de los de la época, en los que varias parejas bailan durante días para obtener un premio en metálico y poder comer mientras bailan. Como es de suponer, el maratón danzante termina de forma dramática:




Por suerte, la lectura es una actividad bastante menos arriesgada y hay menos probabilidades de sufrir un infarto en su ejercicio, aunque la narración esté de lo más emocionante.