lunes, 2 de febrero de 2015

Estilo y plan de costura. La prática

El año pasado seguí -sin mucha constancia y con un ojo distraído, todo hay que decirlo, por causas ajenas a mi voluntad-, la serie de entradas The Wardrobe Architect en el blog Coletterie. La iniciativa de la diseñadora estadounidense Sarai Mitnick me guió en el proceso postapocalíptico de la limpieza de armario que describí en mi anterior entrada. Este año es Kristen, de su equipo de Colette Patterns, quien ha retomado el proyecto con la intención de formar su propio guardarropa sin comprar una sola prenda nueva.

Me he sumado al reto para ir compartiendo mis progresos, mis tropiezos y conclusiones a la hora de construir un guardarropa funcional que me refleje mejor como ser humano. Me lo tomo como un comienzo, ya que, por definición, somos seres mutables: nuestros cuerpos cambian, nuestros gustos evolucionan y nuestras necesidades varían con el tiempo y los acontecimientos de la vida. Por tanto, entiendo que el concepto de "estilo" -tan resbaladizo él- es progresivo, sujeto a mutaciones -genéticas o no- y es uno de los más difíciles de definir. Me he dado cuenta de que, si uno rasca un poquito, bajo la capa superficial que suele envolver el uso o de la ropa, hay una mina de información que procede de multitud de frentes y requiere de cierta dosis de autoconocimiento para ser procesada.

El estilo, que yo entiendo como una mezcla de factores estéticos, psicológicos y necesidades prácticas, está influenciado a la hora de la verdad por una serie de circunstancias:

  • La persona, sus circunstancias y su físico. En mi caso, mujer de 38 años, delgada, sin rasgos particulares. Me caracteriza la peculiaridad de que, después de traer dos hijas a este mundo, mis contornos de pecho, cintura y cadera caen en tres tallas diferentes, lo que me obliga a hacer a veces extrañas maniobras de repatroneo para que la prenda final me siente bien. Me consuela pensar que al menos ahora tengo bajo control cosas que cuando compraba ropa eran casi irreversibles o me obligaban a procesos de modificación absurdos y que a veces no salían del todo bien. Por ejemplo: si una simple camiseta me sentaba bien de pecho, las mangas eran desesperadamente cortas y el bajo subía demasiado, haciendo que a cada momento tuviera que tironear de la prenda para que me cubriera el vientre, que aquellos maravillosos vaqueros de talle bajo tampoco eran capaces de cubrir. Un asco, si tenemos en cuenta que la talla superior solía quedar demasiado holgada, sobrándome tela en los costados. Cualquier elección era mala. Y repito, estamos hablando de alguien que se movía entre las tallas 36 y 38. Conclusión: el tallaje de la industria no coincide con la realidad y cualquier mujer corriente puede llegar a sentirse deforme, hasta las más delgadas. En general, me siento cómoda con mi cuerpo, incluso con mi talla 75A de sujetador, a pesar de las experiencias que acabo de relatar.
  • Las necesidades. Madre de dos hijas, con trabajo de oficina y perra que pasear. Oscilo entre mi jornada entre papeles, los recados, las recogidas del colegio de mis hijas y los paseos perrunos por senderos cercanos. 
  • Los gustos. No me gusta la ropa excesivamente ajustada, si hay algo que me desagrada es sentir limitada mi comodidad o mi libertad de movimientos por una prenda. A lo que se une que el año pasado tuve que dejar de usar una prenda que me encanta: los vaqueros. Cuando los ganglios linfáticos se quejan hay que hacer caso, así que la ropa excesivamente ajustada en la entrepierna dejó de ser utilizada. Tal cosa no me costó demasiado porque ya estaba en transición hacia un guardarropa hecho a mano y los pantalones no estaban muy presentes en esa fase. Lo bueno de todo eso es que mi proceso de definición de estilo fue enriquecido por una revisión -obligatoria, pero no por ello menos válida- de mi relación con mi propio cuerpo y la ropa que me cubre. Llegué a una conclusión principal: mi ropa ideal es aquella que no se hace notar, la que puedo llevar puesta durante horas y no recordarla para nada. A veces, tener claro lo que no gusta ayuda a definir lo que sí. Por ejemplo, si no me gustan las prendas abotonadas en la espalda, descartaré las prendas que cierren de este modo.
  • Las elecciones de estilo. Desde la adolescencia tengo una preferencia no disimulada por la ropa holgada y los colores oscuros. Durante años, en mi armario predominaron el negro, el azul marino, el gris, el caqui. Mi uniforme eran vaqueros y camisetas, en su mayoría heredados; salvo excepciones, no disfruté de ropa nueva comprada a mi gusto hasta los 20 años. Cuando empecé a coser, pasé del estilo normcore y más bien deportivo a explorar nuevas formas, nuevos tejidos, y por el viejo y comprobado método prueba-error,  a detectar qué cosas me sentaban bien y me funcionaban en mi vida diaria. Mi silueta preferida es rectilínea y en ella destaca muy poco el pecho, por motivos obvios. No rehuyo el volumen en mi mitad inferior, ya que me gusta llevar faldas con más o menos vuelo, pero en la superior evito conscientemente los escotes demasiado abiertos o pronunciados ya que no hay curvas que realzar. En horario de trabajo suelo optar por vestidos -no excesivamente entallados ni demasiado llenos de detalles decorativos- ya que me hacen más fácil la combinatoria mañanera. En cuanto al largo, suelo optar por el largo por la rodilla o justo por encima; no llevo minifaldas ni maxifaldas, ya que no me facilitan la vida. Si de hacer compras o pasear fauna doméstica se trata, prefiero prendas de aspecto andrógino o industrial, imperceptibles de lo cómodas que son. Ahí prefiero pantalones+parte de arriba o petos con camiseta. En invierno suelo llevar camisetas como partes de arriba porque me ayudan a mantenerme calentita, sin embargo en verano no llevo camisetas porque odio la sensación del tejido elástico mojado por el sudor cerca de la piel. Así que para mis partes de arriba elijo mangas kimono o raglán, mis preferidas por la ventilación que proporcionan, en tejidos no elásticos y finos, más transpirables. Puestos a buscar definiciones, diría que mi estilo es femenino, cómodo, amante de las formas simples. En resumen, las elecciones van variando, ya que una no deja de darse cuenta de nuevos descubrimientos y preferencias, este es una especie de camino personal en el que siempre se descubren cosas nuevas.
Las herramientas con las que planifico mi costura son tres: la lista de deseos, el inventario de patrones y el plan de costura.

  • La lista de deseos. Es un documento de texto de Google drive donde vuelco mis flechazos patroniles y me permite filtrar, entre todo aquello que me llama la atención, lo que puede funcionar y lo que no. No es la biblia ni un decreto-ley, y tanto pueden entrar modelos como salir. Si compro alguno, lo paso al siguiente documento, así que es un texto en permanente modificación. Aquí no distingo entre temporadas, sólo hago una agrupación en bruto por tipo de prenda.
  • El inventario de patrones. Es una hoja de cálculo de Google drive donde anoto el nombre de patrón (y diseñador), formato (.PDF o papel), tipo (hombre, mujer, niña o mascota), fecha de adquisición (si la recuerdo), definición muy simple del modelo, veces que lo he hecho y talla realizada. En análisis preliminar, me permite dilucidar si ese nuevo modelo taaaaaan estupendo que acabo de anotar en la lista de deseos se parece sospechosamente a algo que ya tengo (y que, oh casualidad, es fácilmente tuneable). Y en uso continuado me permite llevar un control de lo que tengo, de lo que carezco o de lo que tengo demasiado.
  • El plan de costura. Es otro documento de texto de Google drive (en realidad son dos, uno por temporada) donde anoto por tipologías lo que necesito coser: prendas de abrigo, vestidos, pantalones, partes de arriba o prendas interiores adecuadas a cada estación. Para calcular las cantidades que necesito, tengo en cuenta las prendas que están en rampa de salida en mi inventario de armario. Todas las temporadas hay al menos un par de ellas en cada categoría, a punto de morir y sin posibilidad de recuperación, así que planifico en consecuencia. Muchas veces no es necesario adquirir ningún patrón nuevo, ya que con un simple cambio de tejido un mismo modelo puede funcionar bien todo el año. Junto al modelo y cantidad, anoto mis ideas de tejidos para cada realización. 
A continuación y como ejemplo práctico, algunas de mis elecciones para el plan de costura de este otoño-invierno en vigor. Están ya cosidas, en espera de ser fotografiadas. El plan de primavera-verano está en elaboración, que remataré a lo largo de este mes.

  • Rebecas. Soy de rebecas, lo confieso, pero como tejer de momento no es lo mío, me he quedado con:


Oslo, del primer número de Seamwork

Julia, de Mouse House creations

  • Camisetas de manga larga. Mi imprescindible del invierno.


Renfrew, de Sewaholic


Brontë, de Jennifer Lauren Vintage

  • Vestidos. 

Pernille pencil dress, MariaDenmark



Autumn love, de Nettevivante

  • Pantalones.

Holly (v.3), de ByHandLondon

  • Jerseys.

Aime comme Minute, de Aimecommemarie, versión manga larga

En resumen, así es como planifico mis costuras. Lo cual me origina sesiones temáticas de trabajo: montaje/calcado de los patrones, pruebas correspondientes, sesiones de corte y -finalmente- sesiones de costura. Ello espacia las sesiones de costura si no hay emergencias por medio (léase: costura de carnaval para niñas o costura doméstica de variada índole), pero me vuelve más productiva.
¿Hay alguien ahí siguiendo The Wardrobe Architect? ¿Qué tal el reto de enero?










11 comentarios:

  1. Menuda lección de organización integral tus últimas entradas. Me maravilla tu metodología, y tus propuestas me hacen meditar. Quizá logre controlar un poco esa especie de caos anárquico que es mi costura. Por otro lado veo claro cómo he ido potenciando un tipo de ropa en detrimento de otra, siguiendo criterios -casi inconscientes- de comodidad y adaptabilidad a mi cuerpo, más ahora que yo misma me la coso.
    Gracias Luisa por esas magníficas píldoras. Un beso!!

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    1. A tí por dedicarles tu tiempo. Las elecciones siempre son conscientes, aunque los motivos que hay detrás no lo sean a simple vista. Saber leer esas motivaciones es un arte que se aprende poco a poco (y en ocasiones, a tropezón limpio). Un beso

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  2. Muy interesante este post. Yo estoy "medio" siguiendo el reto también, pero necesito algo más de tiempo para ordenar ideas. Desde luego no me organizo tan bien como tú, voy por impulsos, y aunque hago cientos de listas con ideas, de repente una tela me arrastra a un proyecto que no tenía en mente.

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    1. Por algo se empieza, Ana. Las listas siempre son un buen comienzo, aunque al final lo que pone las cosas en su sitio es lo clásico, el paso del tiempo. Ese es el que manda en la planificación. A mí al principio me agobiaba mucho el no poder con mis propias expectativas (irreales, por cierto), pero ahora, si un proyecto no cuaja, pues no cuaja. Ya se le dará la vuelta para la siguiente temporada, que el mundo no se para por eso. Aunque te digo una cosa: todo sistema está abierto a momentos de improvisación. Y es que a veces, atender los cantos de sirena de un tejido o un patrón te reconcilia con la magia de la costura.

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  3. Ya me gustaría a mí ser tan bien organizada como tú... Aparte de algunas prendas básicas que gritan por su ausencia en mi armario, todo lo demás lo voy cosiendo según me dicta la consciencia y el capricho en el momento en que me dispongo a coser la siguiente prenda... Si que es verdad que tengo en cuenta lo que ya hay en mi armario para no terminar con un montón de prendas que no "emparejan" entre si... pero también pienso que la costura es mi vía de escape al estrés de la vida, así que prefiero dejar que fluya sin más... Te admiro por tu organización!!

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    1. Yo tengo mis momentos de escapada costuril, son la sal de la vida, pero no puedo luchar contra mi naturaleza, así que decidí sacarle todo el partido posible. De pequeña jugaba a ordenarle los armarios a mi madre, así que esto se veía venir ;-) A mí me encanta tu guardarropa impulsivo Rosy, tienes un estilo inconfundible.

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  4. No sé cómo se me había pasado esta entrada.... Bueno, al lío: me deja maravillada esa organización tuya, yo estoy siguiendo (intentándolo, mejor dicho) el proyecto y no me ha ido mal enero, me ha hecho pensar mucho sobre por qué visto como visto y sobre lo que realmente me hace sentir cómoda. Interesante. Estoy comenzando el inventario/limpieza de armario, pero me da que no acabaré en febrero. Lo que sí estoy haciendo es buscar patrones con mirada más realista y creo que me voy acercando a lo que busco. En fin. Entre medio ya tengo algún proyecto doméstico en paralelo, así que no habrá tiempo para el aburrimiento en una temporada.
    Sigue contándonos, por favor, tus avances.
    Besos

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    1. Seguiremos contando, aunque ya tengo ganas de ir subiendo alguna entrada sobre cosas hechas y no tanto sobre planificación. Suerte con la limpieza de armario ;-)

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  5. Uf! Tú sí que tienes las ideas claras!
    Yo no sigo ningún reto, que me estresaría de lo lindo... pero por curiosidad primero y por principios después, desde que tengo blog ya no compro ropa ni para mí ni para mi niña, solamente lo que no sé hacer (2 jerseys para mí el año pasado y unas botas este).
    Aunque para la nena tiro de lo que me prestan o regalan, está claro, lo tendría crudo para coserle de todo a medida que va haciendo estirones... jejeje

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    1. Yo coso para las niñas y para mí; lo bueno es que la grande ya hereda cosas mías y la pequeña lo de la grande, así que no es coser desde cero para cada una. Eso sí, cuando toca, las prendas desfilan a pares o de cuatro en cuatro (caso de las camisetas).

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  6. Esto es organización, y lo demás tontería. ¡Oleeeeeeeeeee, qué arte! Todo pormenorizado, con los archivos correspondientes. ¡Alucinante! Cuando empecé a coser, sí es verdad que iba un poco a "dónde me llevara la inspiración", por decirlo de alguna forma. Pero a día de hoy estoy bastante centrada. De hecho, he comprado telas atendiendo a las prendas que más hacen falta en mi guardarropa (camisetas y camisas). Y por mucho que me guste tal o cuál modelo, me pregunto muy seriamente si es una prenda de las que uso, de las que me sientan bien, con las que me siento cómoda... Nada de coser, para darme cuenta que jamás la usaré. Deseando ver tus costuras de otoño-invierno, Luisa. Besos.

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